Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe
quería justificarme tras leer unos cuantos post y darme cuenta ahora de la escasa calidad literaria; las fotos no están tan mal no??Capital constitucional de Bolivia, impoluta, agradable, fácil…
Como alojamiento, fuimos a parar a unos pequeños apartamentos con cocina, frigo y demas por 80bolivianos. A veces uno se cansa de tanto arroz y apetece variar aunque signufique cocinar.
Sábado de tranki y domingo de NBA, birritas con unos colegas Israelís.
El lunes, me desperté algo preocupado. Me ha salido un bulto y dado que nos dirigíamos a Argentina, me pareció mas mejor, ir al medico aquí. Aunque eso signifique armarse de paciencia, y mucha!!
Primero visita al medico de urgencias, 15Bs. De allí me mando a hacer una radiología, 80Bs. Vuelta al medico el cual cree que necesito un especialista. Aquí lo de las citas no existe, uno va , paga, espera y si tiene suerte le atienden.
El martes por la mañana, visite al cirujano que a su vez me dirigió a otro cirujano experto en cuello y cabeza. No conseguí localizarlo así que a esperar hasta el miércoles.
Para el viernes llegaron los resultados de la pruebas algo negativas. Me recomendaron volver a casa.
Fue un día de locura, llamadas a casa, vuelos, dinero, tarjetas, autobús… pero lo peor la incertidumbre.
Al mal tiempo buena cara dicen no???pues armar la mochila y para La Paz que era mi puerta de salida de este maravilloso viaje aunque lo del final feliz…

De vuelta en la capi tras una de las peores torturas que he sufrido hasta la fecha. 22 horas de viejo autobús por carreteras sin asfaltar, aunque por un precio irrisorio, 6 euros.
Una vez en La Paz, volvimos al hostal Solario y lo primero fue una interminable ducha de agua caliente. Allá por la llanura el agua caliente no es necesaria pero se echa de menos aunque lo que de verdad necesitábamos era entrar en calor. No se si por el cansancio o por la altura pasamos un par de días un poco flojitos para después visitar Tiwanaku. Un interesante punto arqueológico que alberga ruinas de alto valor histórico pero en un estado algo lamentable, esto es Bolivia.


non dago TOBY?


De vuelta en la Paz, aprovechamos para reabastecernos de libros y nos hicimos con uno bien especial. Marching Powder. Trata de una prisión en mitad de la Paz, San Pedro, gestionada por los mismos reclusos que incluso es posible visitar. Como la curiosidad mata al gato, nos plantamos en la puerta a curiosear. Nada más llegar un recluso Holandés nos llamo tras las rejas y nos pidió 100$ para dar una vuelta por la cárcel. Los policías (corruptos) esperaban mientras negociábamos. Como no teníamos intención de pagar tal cantidad y estábamos haciendo algo de bulla, apenados ellos porque no se iban a llegar su tajadita, nos invitaron amablemente a retirarnos de la puerta.
Nos sentamos a flipar en el parque de delante. Era sábado y la gente entraba y salía de la prisión como si fuera aquello un centro comercial. Gente con bolsas con comida y demás bártulos entraba como si nada y también se escuchaba música en directo. Como nosotros en un lapso de media hora pasaron por la puerta unos 10 gringos más. Ninguno entro.
Todavía no he leído el libro pero Shay dice que es cojonudo y tras lo que pudimos observar bastante veraz.
Aprovechando que era sábado y que nos gusta poco la fiesta, unas cervecitas y algo de bailoteo.
Después toco una semanita de espera. Un paquete debía de llegar desde Quito pero esto es Sudamérica, aquí no hay estrés o como diría mi padre NO HAY FORMALIDAD!
Pasamos los días de compras, lectura, cafés y NBA!!!
Ya cuando decidimos marcharnos y hacer la última intentona, el paquete nos esperaba!!! Lo recogimos, pagamos unas cuantas tasas, visitamos aduanas, donde revisaron todo y para el sur, rumbo Argentina pero sin prisas!


En la frontera de los Andes y la Amazonia, esta pequeña localidad alberga nada más y nada menos que 29 operadores turísticos. Se preguntaran porque, es la entrada principal al Parque Nacional Madidi. Destino obligado en toda visita a Bolivia. Un área protegida de enorme biodiversidad esperando a ser explorada y explotada.
A pesar de la masiva afluencia de turistas Rurre, a orillas del rio Beni mantiene su encanto, con amables gentes, pequeños mercados e infinidad de baratas motocicletas dando vueltas a todas horas.
Hay una variada oferta de alojamientos a buen precio, también algún buen restaurante.
Tras preguntar en un par de operadores de turismo descartamos la idea de un tour. Es caro para ser Bolivia y la llegada de tanto turista resta autenticidad y aventura a la incursión en el parque. Se puede dormir en la selva en cabañas con aire acondicionado, pasando.
Pasamos los días de relax absoluto, haciendo algún corto treking por las inmediaciones y lo mejor disfrutando del Mirador. Un bar restaurante con unas vistas privilegiadas y piscina. Tostados al, pasábamos el día leyendo entre chapuzón y chapuzón, despidiéndonos del lugar tras los maravillosos atardeceres.



Tras una tortuosa e interminable noche de bus llegamos a Trini. Pueblo más grande de lo esperado, caluroso y con mal olor. Uno se acostumbra enseguida pero el secreto de este aroma es que es “sistema” de alcantarillado por fuera. Caminar al lio es básico, pasando de caer en ese liquido!
La búsqueda de hostal se demoro un poco. Era mas caro de lo esperado pero llegamos a un encantador lugar. Tranquilo menos cuando al precioso puto loro verde le daba por molestar.
Lo primero, duchita, siesta y comida barata.
Por la tarde los de la habita de al lado nos tocaron la puerta y nos propusieron un tour. Es caro para dos por y dado que estaríamos en la misma situación. salimos con ellos en busca de información.
Quedamos con un guía el siguiente día por la mañana.
El tipo, Nilo, resulto ser de los mas majete y nos convenció para un viaje alternativo. Todo improvisación. Maravilloso.
Nos embarcamos dos horas mas tarde del primer encuentro. Con el capitán de una lenta txalupa, la novia y Nilo, Marilú, Dimitri, Shay y yo.
Precioso el paraje. Puro, naturaleza salvaje.

El rio está lleno de sorpresas, delfines por aquí, papagayos y tucanes por ahí, monos…
Tras un par de horas llegamos al campamento. Una pequeña explanada al borde del rio donde reside un colega Nilo. Allí plantamos el campamento base.
Nos prestaron los utensilios de cocina que la novia de Nilo (maría) no nos dejo tocar, preparamos una colcha con hojas de plátano y pasamos la tarde paseando en el rio.
Por la noche cartas, mosquitos y demás bichos de la jungla, alguno bien cabron.
La siguiente mañana la pasamos en busca de comida. Si!!!fuimos a pescar, pescar pirañas! Alguno con más suerte que otros. Menos mal que tengo a Shay si no comía.
Deliciosa piraña para comer y al rio por 4 horas. Maravilloso.


Una hora antes de anochecer paramos para acampar. Esta vez en un campamento de de currelas amigos de Nilo. Pasta y vino blanco para cenar.
Unas partidas a cartas y a dormir que había que madrugar.
Para la 6 y media estábamos en el bote. Desayunando galletas y rosquillas con agua. Destino: Rio Mamore, el rio más largo Bolivia (Hasta ahora navegábamos un afluente de este) que desemboca en el Amazonas.
Allá nos esperaban los alegres bufeos. Delfines rosados.
Pescamos los que nos dejaron los delfines, intentamos sacar alguna foto de ellos ( saben que estas enfocando???) y vuelta al campamento a comer.
Desde allí vuelta rio arriba y a Trinidad.
Nos quedamos unos días mas en Trini. La idea era llegar hasta el norte de Bolivia, 6 días de barco carguero, pero desestimamos la idea. Había que comprar mosquitera y hamaca e iba a ser de todo menos cómodo.
Cuando estábamos listos para marchar nos comunican que ahi un problema en la carretera, mejor esperar un dia, mierda!
Al siguiente día marchamos para San Borja con esperanza de llegar a Rurre. Se suponía que llegaríamos para las dos. El coche se averió y tuvimos que dormir en San Borja. Desde allí Rurre el día siguiente.






Nos quedamos con ganas de jungla en Samaipata y allí nos comentaron que nos pasáramos por esta minicity para al menos preguntar.
Tras 3 horas en furgo llegamos y nos alojamos en un encantador alojamiento por 60bolivianos. Limpio amplio y tranquilo y comenzamos la búsqueda de guías locales.
Nos citamos con uno después de cenar pero su oferta, 32$ dólares al día, superaba el presupuesto. Nos propuso esperar un día por si aparecía otro guiri o dos para compartir gastos. Nada.
Pero seguíamos con ganas, esperamos un día en la plaza a que apareciera alguien, teniamos que seguir intentando. Asique se me ocurrió preguntar a los guarda parques. Ellos me contactaron con un eco albergue y allí que fuimos. Presupuesto: 20$ por persona y día.
Os lo cuenta Shay, que un poco de ingles nunca viene mal
pd: creo que voy a cambiar de nombre al blog, ez nabil bakarrik!!


Amboro Rainforest, somewhere in the eastern regions of Bolivia
We started from the tiny town of Buena Vista, taking a 15 minute ride on a minivan to the distant countryside.
From there we walked for three hours, following a boy no older than 14, past groves of orange trees, banana palms and teak tree farms, to where his parents ran an eco-tourist business. Cows mooed at us and horses shied away as we walked on by. Butterflies, startled by our appearance, fluttered up from piles of animal dung (and I fervently swatted them away lest I end up with dabs of dried shit on me). We crossed rivers of varying sizes, and as we pushed on, further from civilization, the trees grew higher and the vegetation more dense.
At length, we finally arrived at a flight of dirt stairs and beheld the sanctuary that was to be our home for the next two nights. I died and went to mosquito heaven, because of the chef: her dishes were the best ive eaten in all of south america! (Gustavos pizzeria in Peru may be good competition though). I could go on and on about her food but I know you guys are busy people, so I wont.
The father was a guide and had an intimate knowledge of the forest; as we walked through the canopy of trees, he wielded a machete and skifully hacked away branches that dared to intrude into the pathway. We cooled off in a river where tiny fish nibbled at the skin of our scruffy feet, and land based spiders glared at us from under their rocks. It started to rain, hard, and we stumbled back to the sanctuary in our slippery flipflops!
During a heavenly dinner, mosquitoes went on the rampage and so we slept under mosquito nets. At 830, after a delicious breakfast, we walked through the rainforest as sunlight flitered through the towering trees. It was a thick canopy of varying shades of green and brown, with small splashes of color that came in the form of hardy flowers of butterflies. Actually, there were hundreds of thousands of butterflies, of so many different kinds, of which I only recognized a few. It was mating season, and they floated in and out of the sunshine, flashing their colors at us in giddy happiness, many of them coupled (i´ll leave it to you to imagine what ¨coupled¨ might mean in butterfly terms). The cramer´s blue morpho was my favorite and I would stand, dazzled, whenever I saw one float by!
Vines literally hugged their way up giant, redwood sized trees and hung down to the ground, swaying with the occasional breeze. Our feet crunched upon dead leaves of yellow and brown, sending insects scurrying about. Spiders larger than my hand lazed on webs, waiting for their next meal. Giant ferns, the largest in the world, towered above us but looked measly next to giant bibosi trees that were only 50 to 60 years old. Some trees, unsatisfied with their whereabouts, sprouted legs and are slowly walking elsewhere— according to our crinkly-eyed guide, they take about 4 to 6 months to grow a new leg. Other trees opted to grow bristles, some up to an inch long!
We encountered a bull blood tree— it immediately started bleeding red sap where the guide had nicked it with his machete. After we gaped at its bloody wound for a few seconds, the guide tenderly patted the tree and mended the cut with something, but then he showed us where other guides had hacked into the tree in hopes of impressing tourists. Those hacks were deep and black, and they take about a year to heal. This is only one example of the difference between eco-tourism and regular, commericalized tourism.
Anyhoo, during more jaunts into the forest, we saw resting dens of giant armadillos (but saw none—my feet were much too loud to allow us to stealthily creep up and spot any animals!) and paw prints of large animals in the mud banks next to the rivers. Dissected nuts and xiker ate a maggot that had wormed its way into one. Judging from the look on his face, it didn´t taste like chicken. I opted not to see bats at night, because I was actually quite terrified I would stumble in the darkness and walk right into the clutches of a waiting, beady-eyed spider.
After a most delicious breakfast of homemade marmalade (and etc) we had to say goodbye to the sanctuary. As pleasant as it was, it was quite costly and because we still have a whole lot of south america to see…. we hopped onto motorbikes and the 3 hour walk was reduced into a 20 minute thrill ride back to Buena Vista.